Una mala salud digestiva puede provocar depresión y problemas neurológicos

Dieta Mediterránea
  • La mala alimentación afecta al sistema inmunológico y puede provocar patologías como artritis reumatoide, psoriasis, alteraciones emocionales y problemas neurológicos
  • Hay que comer de todo y en su justa medida. A ser posible en cada plato un 50% de verduras y hortalizas, un 30% de hidratos de carbono y un 20% de proteínas
  • Alimentarse de forma saludable no es contar calorías sino combinar los alimentos y cocinarlos correctamente para que nos aporten todos los nutrientes

Valencia, 7 de enero de 2020.- Diversos estudios científicos han demostrado que una mala salud digestiva y una mala flora intestinal están relacionadas con enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad, trastornos de pánico o estrés postraumático.

Desde la Universidad de Medicina de Stanford ponen sobre la mesa que sufrir problemas digestivos desde edades tempranas eleva el riesgo de padecer una depresión en algún momento de nuestra vida. Nuestro sistema digestivo puede alojar bacterias que producen sustancias que pueden afectar al sistema nervioso central. También genera ácidos grasos que pueden tener relación con enfermedades mentales.

Por otro lado, una investigación llevada a cabo por el Dr. Ernest Mayer, del Departamento de Medicina de la Universidad de California, ha demostrado que cuando no manejamos de manera adecuada el estrés, se reducen las reservas de dopamina, que es un neurotrasmisor que activa el placer y produce sensación de calma y relajación, y que en gran parte se genera en las células intestinales.

Además, a causa del estrés, por el contrario, se produce un exceso de adrenalina y cortisol acaba generando notables desequilibrios químicos y hormonales, que se traducen en un mayor decaimiento.

Según la farmacéutica y nutricionista de La Salud y de Dietas a tu Medida, Montse Pérez, que también es Miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética, está demostrado que una buena alimentación puede prevenir enfermedades. No solamente las mentales sino también las que afectan al sistema inmunológico como la artritis reumatoide o la psoriasis. Además de, evidentemente, la obesidad o las intolerancias alimentarias.

Ante esta realidad, surgen algunas preguntas frecuentes.

¿Cómo podemos saber si lo que consumimos es saludable?

Por mucho que consumamos productos ecológicos, que, por otro lado, no están al alcance de todos, es imposible controlar con exactitud el origen de los alimentos y de qué forma han sido cultivados. Sin embargo, explica Montse Pérez, “sí podemos controlar cómo los elaboramos. Es mejor en la medida de lo posible cocinar en casa y eliminar los procesados y precocinados de nuestra dieta”. También es importante saber que hay métodos de cocción que nos aseguran el máximo rendimiento de los nutrientes. Por ejemplo, explica la nutricionista, “no es lo mismo comer una verdura al vapor que hervida igual que no es lo mismo una crema de verduras envasada que una hecha en casa, aunque el aporte calórico sea similar”. Hay que tener cuidado con los colorantes, conservantes y aditivos que pueden ser perjudiciales para la salud.

¿Cuál es la mejor fórmula para garantizar una alimentación saludable?

Comer de todo en su justa medida. Hay que fijarse en la cantidad diaria recomendada de los alimentos y tener en cuenta que lo más saludable es aportar en las comidas un 50% de verduras y hortalizas, un 30% de hidratos de carbono y un 20% de proteínas. Además, hay que consumir fruta a diario y beber agua y bebidas no azucaradas.

Hay que ser muy conscientes de que alimentarse de forma saludable no es contar calorías. Es combinar los alimentos para que su ingesta no solamente sea agradable, sino que nos aporte todos los nutrientes que necesitamos.

¿No podemos fiar de los mensajes en los envases de los alimentos?

No debemos hacerlo. En la mayoría de ocasiones, en el packaging de un producto pueden destacar cosas como “saludable”, “sin azúcar” o “reduce el colesterol”. “Verdades a medias- asegura Montse Pérez- porque puede que un producto sea bajo en azúcar, pero lleve una cantidad ingente de conservantes o que lleve avena que, efectivamente, es buena para el colesterol, pero también mucho aceite de palma y otras grasas saturadas, con lo cual, el beneficio de la avena es ínfimo si lo comparamos con lo malos que son el resto de ingredientes”.

“Sería fundamental- advierte – que en las escuelas se enseñara a los niños y niñas a leer bien las etiquetas de los productos para que fueran conscientes de verdad de lo que están ingiriendo y cómo afecta a su salud”.